21 enero, 2014 awezoom

11 escenas del cine de los 80 que marcaron mi vida

Si hay algo que me gusta, casi por encima del resto de hobbies, es el cine. Ya desde pequeño, mi padre llegaba el sábado por la mañana con 5 ó 6 películas, y nos tirábamos el fin de semana viéndolas en familia, con aquel VHS y aquella tele en color de…no se, ¿13 pulgadas?

Yo, que nací a finales de los años 70 y pude disfrutar la mayoría de clásicos del cine ochentero a través de unos ojos de niño, impresionable y con una capacidad de sorpresa que difícilmente entendería mi hijo hoy en día, guardo un recuerdo muy, muy especial de algunas películas y escenas concretas que marcaron mi infancia y dejaron una profunda huella en mi. Desde muy pequeñito tuve un amor por las tecnologías y los videojuegos fuera de lo normal. Era un friki moderno, aunque en esa época todavía no teníamos denominación para el que disfrutaba con ordenadores, cómics y gore. Simplemente me gustaban esas cosas. Y hoy, he pensado que sería interesante contar cuáles de esas escenas marcaron de alguna manera lo que intentaría ser el resto de mi vida. Imagino que más de uno se sentirá identificado. No están ordenadas y NO SON MIS PELÍCULAS ochenteras FAVORITAS, sólo he hecho un repaso por momentos que me marcaron y que me dirigieron, por algún motivo, en la vida.

 

1. Encuentros en la Tercera Fase.

Uno de los primeros momentos que recuerdo en los que asocié música con efectos visuales fue viendo esta mítica escena. La idea de que dos civilizaciones se comunicaran por medio de música era interesante, pero a mi lo que me fascinó era ese panel de luces que se iluminaba con colores al pulsar cada tecla del teclado. Mientras la mayoría simplemente disfrutaba con la escena, yo me centraba en la melodía que improvisaba el músico, que se convirtió en un semidiós para mi por ser capaz de improvisar esas cosas, y en la cantidad de luces que se llegaban a iluminar a la vez.

Por supuesto, años más tarde, me encantaba cada vez que un reproductor de módulos incorporaba un sistema de notas por puntos de color, gracias a mis recuerdos de esta película. Y qué decir del magnífico videoclip de Rendezvous 4 que ya pasó a formar parte de uno de los momentos más influyentes de mi infancia y que no era sino la misma idea llevada al máximo exponente.

2.- El mago de la velocidad y el tiempo

Esta es una película de esas de culto en USA que apenas vimos cuatro gatos aquí en España, me parece. La película es mala, pero mala mala. Es una especia de experimento de Mike Jittlov, una suerte de  friki de los efectos especiales ochenteros que trabajaba para Disney, y que tras cosechar mucho éxito por su trabajo, decidió realizar su pequeña locura, que fue su única incursión en el mundo del cine, por supuesto, tras un monumental fracaso en taquilla (Por su bajo presupuesto hizo de actor principal, director, guionista, FX, montador…). En la película, que es algo así como una autobiografía surrealista, se entremezclan realidad y efectos especiales en Stop Motion de una manera completamente alocada, tanto que es fácil perder el interés a los pocos minutos de verla. Y recuerdo que eso hice de pequeño. Recuerdo estar viendo la película mientras jugaba a otras cosas sin hacer demasiado caso. Hasta que, al fin, de golpe, el protagonista conseguía que la TV pública emitiera el cortometraje que había estado realizando durante toda la película (sin duda lo más interesante era ver cómo componía algunas escenas). Y…de repente, comenzó una de las secuencias más alucinantes de todos los tiempos.

Creo que fue esa pieza la que me hizo ser un amante de los cortometrajes de animación el resto de mi vida.

Incluso vista ahora, a pesar de lo anticuado del tema, la pieza es divertida por su frenético montaje y la magnífica música, que sigue clavada en mi cabeza y seguirá ahí durante toda mi vida. Y de hecho, cuando el mago recoge la antorcha se me siguen poniendo los pelos de punta. Aquí os dejo la secuencia.

3. Tron. Las motos de luz

Desde que descubrí los ordenadores he adorado estar entre ellos. En los 80 no todos los niños de 7 años tenían un ordenador en casa. Y no todos aprendían a programar en Basic en lugar de simplemente jugar a los juegos de turno. Por eso, cada vez que una película abordaba el tema de los ordenadores, mi cabeza explotaba de placer friki. Tron, que tenía grabada de una de esas veces que la emitieron en la 2 a la 1 de la madrugada, creo que después de un programa de debates del que conservaba los últimos minutos (cosas de los 80 y el VHS, chicos de menos de 20… :D) era una auténtica delicia visual. Convertía las frías lineas de código en todo un mundo con personajes, alegorías y temibles entidades de seguridad, con metáforas binarias.

No se las veces que pude verla de principio a fin, y mira que era aburrida, porque su mayor problema es la falta de ritmo en el 60% del metraje. Pero cuando vi esta película supe que quería dedicarme a lo que fuera que implicara estar delante de una pantalla, y si podía tener que ver con videojuegos, muchísimo mejor. Y es que Tron fue uno de los primeros ejemplos de lo que algún día veríamos en nuestros monitores mientras jugamos.

4.- Cuenta Conmigo

Una de esas joyas que han hecho que Stephen King sea algo más que un simple autor de historias de terror, y es que, para mi, sus mejores obras son precisamente las que no han sido exclusivamente de terror, encabezadas seguramente por esta. Y sé que The Shawshank Redemption es una pasada, pero esta…bueno, le tengo más cariño.

La primera vez que vi esta película, probablemente con 9 o 10 años, me encantó, como a cualquier niño. Pero recuerdo que la volví a ver cuando comencé el instituto, y ya había dejado algún amigo en el camino, y al volver a verla, por primera vez supe lo que era interpretar de manera diferente la misma escena que habías visto unos años antes, debido a nuestro crecimiento y madurez. De pronto, una frase que en su momento me había pasado desapercibida, ahora me hacía sentir identificado totalmente y me hizo recordar las cosas que se hacen con tus primeros ‘amigos’ del colegio, esos con los que todavía no necesitas tener casi nada en común, pero que pasaban a tu lado las largas tardes de verano, como si no hubiera nada más en el mundo.

5. Pesadilla en Elm Street

Mis géneros favoritos del cine son, sin duda, la ciencia ficción y el terror. Me gusta prácticamente todo, para qué nos vamos a engañar, pero estos dos géneros me han gustado desde pequeño. El primero, porque va de serie en los apasionados a la informática, y el segundo, porque mi madre, que me dejó para siempre hace ahora 7 meses, se encargó de que me gustara a la fuerza para poder compartir con ella las noches de cine en casa, viendo lo que era su género favorito, ya que mi padre, por temas de horarios laborales, se acostaba muy temprano.

De todas las escenas de terror, recuerdo, sin duda, que la más impactante de todas, y la primera que me dejó temblando de miedo fue la escena de Tina en una bolsa de cadáveres. Sin duda uno de los mejores momentos de toda la filmografía de Wes Craven, y que he visto mencionada muchas veces en foros de terror, donde se hace recuento de las escenas más terroríficas de todos los tiempos. Hoy en día no tiene nada de especial, pero en su momento…uf, en su momento recuerdo que me hizo querer volver a sentir ese terror al ver una película de miedo, porque ese era el objetivo de una buena película de género.

6. Juegos de Guerra

Esta película fue otra de esas que nos encantaba a los que amábamos la informática y que nos hizo amarla más aún. Juegos de Guerra es otro de esos films de culto donde los ordenadores se trataban con ‘bastante’ rigor. No había un internet en 3D, como mucho se exageraban las capacidades de la IA, que era algo sobre lo que todavía se teorizaba mucho. Aquí, un jovencísimo Matthew Broderick ya se dedicaba a hackear a través del teléfono. La escena en la que el protagonista cambia las notas de su compañera me hizo desear ser capaz de hacer ese tipo de cosas, trapichear los ordenadores por dentro, indagar en las BBS y aprovechar las redes, algo que aquí era todavía ciencia ficción.

Finalmente no me decanté por esa vía de la informática, pero mis primeros años como usuario de PC recuerdo que sí que descubrí la demoscene tratando de descubrir la parte underground de la informática, trapicheaba los códigos fuentes con el PCTools y me hice amigo del administrador de Blastersound BBS, donde distribuía mi música antes de que la mayoría supieran lo que era un Modem.

7. Sueños Eléctricos

Seguimos con pelis semidesconocidas. Esta es otra película que iba destinada a mostrar los peligros de la tecnología al adentrarse en nuestras vidas. Pero así como Juegos de Guerra nos mostraba lo peligroso de automatizar los procesos armamentísticos y confiar en las máquinas, en Sueños eléctricos el peligro venía con un sistema DOMÓTICO (sí, en los 80) donde toda tu casa está controlada por un ordenador que…¿Y si de repente se pone en tu contra?

Con un componente mucho más fantástico que otras películas parecidas (aquí el ordenador cobra conciencia de sí mismo al derramarse una botella de champán), lo que me fascinó de esta película no era tanto el componente informático, que por supuesto me fascinó, sino una escena en particular: La escena que, sin duda, me hizo querer aprender a componer música por ordenador, con toques electrónicos y que me sigue influyendo a día de hoy. En esta maravillosa escena, Giorgio Moroder, ese genio del sonido analógico de los 80, mezcló música clásica con sintetizadores de una manera magistral. Hoy en día, de nuevo, no es nada especial, está todo visto. Pero en aquel momento yo no había escuchado nada igual. Recuerdo que la rebobiné varias veces, la escuché con auriculares, todo lo posible para descifrar todo lo que estaba sonando ahí.

Recomiendo mucho la película, porque es muy entretenida, y a pesar de haber envejecido tecnológicamente, se deja ver muy bien. Tanto mi mujer como un amigo informático la vieron por primera vez hace tan solo unos años y la disfrutaron mucho, así que creo que sigue valiendo la pena buscarla por ahí.

Ojo con el tema principal de la película “Together in Electric Dreams”, en colaboración con Philip Oakey, en un tema que podía rivalizar con el de Neverending Story, también de Moroder.

Philip Oakey – Together in Electric Dreams – 2003 – Remaster

8. El último Starfighter

En los 80 no teníamos internet. No había globalización y los medios no hablaban de cosas…’underground’. Recuerdo que el único sitio donde podías ver cosas que tuvieran que ver con arte alternativo, videojuegos, cortometrajes de animación o comics era el magnífico programa Metrópolis, en la 2, a horas intempestivas para un niño.

Por eso, era muy especial cuando algo que te gustaba aparecía en una película. Hoy en día eso se ha perdido, se habla de todo en todas partes, y hay comunidades enteras de aficionados a cualquier tema. Pero cuando en los 80 te gustaba algo ‘minoritario’ y un día veías referencias a ello en un gran medio, como una película, de repente, te sentías menos solo. Veías que eso que creías que sólo te gustaba a ti, en realidad lo conocía más gente, al menos lo suficiente como para mostrarlo en una película.

Eso me pasó con The Last Starfighter, una película que, no he vuelto a ver entera, la verdad, desde que era un niño, ni creo que merezca la pena, pero recuerdo con mucho cariño esta escena en la que jugar a una recreativa parecía poder llegar a ser algo trascendente. Sin duda esta escena me hizo estar orgulloso de ser también uno de esos que sabía jugar a videojuegos y que, oye, igual algún día mi habilidad me podría hacer salvar al Universo entero. 😀 En Juegos de guerra también había una escena similar, pero aquí, el ser un jugón, era algo mucho más respetable. 😀

Esto también me pasó con “Aventuras en la gran ciudad”, donde por primera vez vi referencias a Thor, de Marvel, un personaje que parecía que no conocía nadie, y en esa película era el personaje favorito de la niña protagonista. Sí, ese que está tan de moda ahora. 😀

9. Exploradores

Esta película lo tenía todo. Un grupo de niños que se juntan para jugar, uno de ellos un flipado de los ordenadores, el otro un flipado de los comics y la ciencia ficción, y el tercero, el que no comparte ninguno de sus gustos. Y trasteando con un sueño premonitorio, descubren un circuito capaz de generar un campo electromagnético capaz de flotar y viajar por el espacio. Pocas películas juntaban tantas cosas que me gustaban en un sólo título.

Sin duda, esta mágica escena aumentó mi interés por los ordenadores, la animación por ordenador (sí, el gráfico vectorial del sótano me pareció una auténtica pasada) y la aventura de perseguir tus sueños. Eso sí, hasta en esa época me resultaba extraño eso del ordenador a pilas, y que la potencia de la esfera dependiera de la batería que habían usado. 😀

10. D.A.R.Y.L.

En la línea de otras escenas ya descritas, esta película, coincidió conmigo prácticamente en edad. Por aquella época yo tenía ya mi MSX y un amigo del colegio tenía la Atari 800 que se ve en la película, con lo que esta escena me ayudó, de nuevo, a ver reflejados mis gustos en un medio como el cine y sentirme menos…raro. Aunque vale, precisamente en esta película el que compartía mis gustos era un robot…pero la consola la tenía un niño normal! :D. Y aunque parezca una tontería, la frase “cualquiera diría que has inventado tú el juego” de algún modo me abrió la mente a lo divertido que podría llegar a ser hacer juegos propios. Si duda, plantó en mi la idea, aunque no me la tomaría en serio hasta muchos años después.

11. La Historia Interminable

Pese a que yo creo que a todos los que vimos la película en su día nos marcó profundamente, por ser una película infantil maravillosa, a mi sin duda me marcó su banda sonora, que, de nuevo, marcó una pauta en lo que sería la música que me gustaría el resto de mi vida. Me gusta la música de casi cualquier estilo, salvo algunos muy concretos, como el Reggaeton, música folklorica o estilos demasiado hardcore, pero sin duda, lo que marca mis canciones favoritas es algo conocido como ‘uplifting’, es decir, que te levantan el ánimo, te hacen sonreír, mover el pie al ritmo de la música y de alguna manera sentirte más vivo, más feliz. El tema principal, de nuevo del maestro Moroder, y Christopher Hamill (Limahl) es, sin duda, la canción que más veces he escuchado en mi vida. Sigo teniéndola en mi lista de favoritos de Spotify, y sigue emocionándome ponerla a todo volumen. Y desde entonces, cada vez que un tema tiene una linea de bajos con arpeggios me cuesta no sonreír.

Por supuesto, la película en sí y su ensalzamiento de la lectura me marcaron a otro nivel, igual que el libro, pero sin duda, me quedo con su banda sonora en estos créditos de entrada, que ya te transportaban a otro mundo:


Y bien…¿Tú también tienes escenas que te marcaron de una manera especial? Me encantaría conocerlas.

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About the Author

awezoom Diseñador, emprendedor, jugón, músico amateur y padre.

Comments (3)

  1. Turk182

    Hola Victor,Coincido en todo contigo y en todas esas entrañables peliculas de los ochenta,como tu naci en 1969,y recuerdo la mayoria de las buenas o malas peliculas ochenteras,una de las que mas recuerdos me trae y no me cansare nunca de ella es Tiburon,y luego por supuestas joyas como Regreso al futuro,Gremlins,Poltergeist,Los Goonies,Lady Halcon…un monton.
    Desde siempre como a ti,me ha fascinado la musica electronica,en mi casa mi padre tenia musica de jean Michel Jarre,Vangelis,Tomita,Space,Krafwerk,OMD…y Boney M..ja,ja que buena musica de los 70 y 80,bueno un saludo y sigue a si Victor.
    Ah por cierto siento mucho tu perdida,yo tambien perdi a mi madre por un maldito cancer,y se fue a la temprana edad de 48 años,sigue adelante que siempre estara en ti y en tus recuerdos.

  2. yo tambien soy un friki de los comics,el anime y el cine raro,me ha gustado mucho este pot compañero,esa de daryl no la conocia,bajando jejej saludos

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